Every phrase and every sentence is an end and a beginning.

Every poem an epitaph.

/ T.S.Eliot /


lunes, 21 de enero de 2013

- Martin Luther King - Yo Tengo Un Sueño (Washington, 1963) -



Estoy feliz de unirme a ustedes hoy en lo que quedará en la historia como la mayor demostración por la libertad en la historia de nuestra nación.

Hace años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos paramos, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio.

Pero cien años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el Negro todavía no es libre. Cien años después, la vida del Negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el Negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el Negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.

Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En un sentido llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoria de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería el heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad".

Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al Negro un cheque sin valor que fue devuelto marcado "fondos insuficientes".

Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Entonces hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.

También vinimos a este punto para recordarle de Estados Unidos de la feroz urgencia del Ahora. Éste no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.

Sería fatal para la nación el no percatar la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del Negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres (1963) no es un fin, sino un principio. Aquéllos que piensan que el Negro sólo necesita evacuar frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina habitual.

No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el Negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma.

Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la Comunidad Negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado a nuestro destino. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de que marcharemos hacia el frente. No podemos volver atrás.

Existen aquéllos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles: "¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca estaremos satisfechos en tanto el Negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan acceder a alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos en tanto la movilidad básica del Negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad por carteles que rezan: "Solamente para blancos". No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un Negro de Mississippi no pueda votar y un Negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.

No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes apenas salieron de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención.

Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Louisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que de alguna forma esta situación puede ser y será cambiada.

No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.

Ésta es nuestra esperanza. Ésta es la fe con la que regresaré al Sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe, seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Éste será el día. Éste será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: "Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad". Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania. Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad.

Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo Negro Spiritual: "¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios Todopoderoso, ¡por fin somos libres!"


I am happy to join with you today in what will go down in history as the greatest demonstration for freedom in the history of our nation.

Five score years ago, a great American, in whose symbolic shadow we stand today, signed the Emancipation Proclamation. This momentous decree came as a great beacon light of hope to millions of Negro slaves who had been seared in the flames of withering injustice. It came as a joyous daybreak to end the long night of their captivity.

But one hundred years later, the Negro still is not free. One hundred years later, the life of the Negro is still sadly crippled by the manacles of segregation and the chains of discrimination. One hundred years later, the Negro lives on a lonely island of poverty in the midst of a vast ocean of material prosperity. One hundred years later, the Negro is still languished in the corners of American society and finds himself an exile in his own land. And so we've come here today to dramatize a shameful condition.

In a sense we've come to our nation's capital to cash a check. When the architects of our republic wrote the magnificent words of the Constitution and the Declaration of Independence, they were signing a promissory note to which every American was to fall heir. This note was a promise that all men, yes, black men as well as white men, would be guaranteed the "unalienable Rights" of "Life, Liberty and the pursuit of Happiness." It is obvious today that America has defaulted on this promissory note, insofar as her citizens of color are concerned. Instead of honoring this sacred obligation, America has given the Negro people a bad check, a check which has come back marked "insufficient funds."

But we refuse to believe that the bank of justice is bankrupt. We refuse to believe that there are insufficient funds in the great vaults of opportunity of this nation. And so, we've come to cash this check, a check that will give us upon demand the riches of freedom and the security of justice.

We have also come to this hallowed spot to remind America of the fierce urgency of Now. This is no time to engage in the luxury of cooling off or to take the tranquilizing drug of gradualism. Now is the time to make real the promises of democracy. Now is the time to rise from the dark and desolate valley of segregation to the sunlit path of racial justice. Now is the time to lift our nation from the quicksands of racial injustice to the solid rock of brotherhood. Now is the time to make justice a reality for all of God's children.

It would be fatal for the nation to overlook the urgency of the moment. This sweltering summer of the Negro's legitimate discontent will not pass until there is an invigorating autumn of freedom and equality. Nineteen sixty-three is not an end, but a beginning. And those who hope that the Negro needed to blow off steam and will now be content will have a rude awakening if the nation returns to business as usual. And there will be neither rest nor tranquility in America until the Negro is granted his citizenship rights. The whirlwinds of revolt will continue to shake the foundations of our nation until the bright day of justice emerges.

But there is something that I must say to my people, who stand on the warm threshold which leads into the palace of justice: In the process of gaining our rightful place, we must not be guilty of wrongful deeds. Let us not seek to satisfy our thirst for freedom by drinking from the cup of bitterness and hatred. We must forever conduct our struggle on the high plane of dignity and discipline. We must not allow our creative protest to degenerate into physical violence. Again and again, we must rise to the majestic heights of meeting physical force with soul force.

The marvelous new militancy which has engulfed the Negro community must not lead us to a distrust of all white people, for many of our white brothers, as evidenced by their presence here today, have come to realize that their destiny is tied up with our destiny. And they have come to realize that their freedom is inextricably bound to our freedom.

We cannot walk alone.

And as we walk, we must make the pledge that we shall always march ahead.

We cannot turn back.

There are those who are asking the devotees of civil rights, "When will you be satisfied?" We can never be satisfied as long as the Negro is the victim of the unspeakable horrors of police brutality. We can never be satisfied as long as our bodies, heavy with the fatigue of travel, cannot gain lodging in the motels of the highways and the hotels of the cities. We cannot be satisfied as long as the negro's basic mobility is from a smaller ghetto to a larger one. We can never be satisfied as long as our children are stripped of their self-hood and robbed of their dignity by signs stating: "For Whites Only." We cannot be satisfied as long as a Negro in Mississippi cannot vote and a Negro in New York believes he has nothing for which to vote. No, no, we are not satisfied, and we will not be satisfied until "justice rolls down like waters, and righteousness like a mighty stream".

I am not unmindful that some of you have come here out of great trials and tribulations. Some of you have come fresh from narrow jail cells. And some of you have come from areas where your quest -- quest for freedom left you battered by the storms of persecution and staggered by the winds of police brutality. You have been the veterans of creative suffering. Continue to work with the faith that unearned suffering is redemptive. Go back to Mississippi, go back to Alabama, go back to South Carolina, go back to Georgia, go back to Louisiana, go back to the slums and ghettos of our northern cities, knowing that somehow this situation can and will be changed.

Let us not wallow in the valley of despair, I say to you today, my friends.

And so even though we face the difficulties of today and tomorrow, I still have a dream. It is a dream deeply rooted in the American dream.

I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: "We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal".

I have a dream that one day on the red hills of Georgia, the sons of former slaves and the sons of former slave owners will be able to sit down together at the table of brotherhood.

I have a dream that one day even the state of Mississippi, a state sweltering with the heat of injustice, sweltering with the heat of oppression, will be transformed into an oasis of freedom and justice.

I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.

I have a dream today!

I have a dream that one day, down in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of "interposition" and "nullification" -- one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers.

I have a dream today!

I have a dream that one day every valley shall be exalted, and every hill and mountain shall be made low, the rough places will be made plain, and the crooked places will be made straight; "and the glory of the Lord shall be revealed and all flesh shall see it together".

This is our hope, and this is the faith that I go back to the South with.

With this faith, we will be able to hew out of the mountain of despair a stone of hope. With this faith, we will be able to transform the jangling discords of our nation into a beautiful symphony of brotherhood. With this faith, we will be able to work together, to pray together, to struggle together, to go to jail together, to stand up for freedom together, knowing that we will be free one day.

And this will be the day -- this will be the day when all of God's children will be able to sing with new meaning:

My country 'tis of thee, sweet land of liberty, of thee I sing.
Land where my fathers died, land of the Pilgrim's pride,
From every mountainside, let freedom ring!
And if America is to be a great nation, this must become true.
And so let freedom ring from the prodigious hilltops of New Hampshire.
Let freedom ring from the mighty mountains of New York.
Let freedom ring from the heightening Alleghenies of Pennsylvania.
Let freedom ring from the snow-capped Rockies of Colorado.
Let freedom ring from the curvaceous slopes of California.

But not only that:

Let freedom ring from Stone Mountain of Georgia.
Let freedom ring from Lookout Mountain of Tennessee.
Let freedom ring from every hill and molehill of Mississippi.
From every mountainside, let freedom ring.

And when this happens, when we allow freedom ring, when we let it ring from every village and every hamlet, from every state and every city, we will be able to speed up that day when all of God's children, black men and white men, Jews and Gentiles, Protestants and Catholics, will be able to join hands and sing in the words of the old Negro spiritual:

Free at last! Free at last!

Thank God Almighty, we are free at last!

domingo, 20 de enero de 2013

- T.S. Eliot - Cuatro Cuartetos/Burnt Norton -





Tiempo presente y tiempo pasado
están ambos quizá presentes en el tiempo futuro,
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que podía haber sido es una abstracción
y permanece como posibilidad perpetua
sólo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
Las pisadas resuenan en la memoria
bajando el pasillo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos.


Time present and time past
are both perhaps present in time future,
and time future contained in time past.
If all time is eternally present
all time is unredeemable.
What might have been is an abstraction
remaining a perpetual possibility
only in a world of speculation.
What might have been and what has been
point to one end, which is always present.
Footfalls echo in the memory
down the passage which we did not take
towards the door we never opened.


- René Char -



¿Qué te hace sufrir? Lo irreal intacto en lo real devastado.


martes, 8 de enero de 2013

- John Berger -




Quienes dibujamos no sólo dibujamos a fin de hacer visible para los demás algo que hemos observado, sino también para acompañar algo invisible hacia su destino insondable.


viernes, 28 de diciembre de 2012

- Julio Cortázar - Rayuela -



No quiero escribir sobre Rocamadour, por lo menos hoy, necesitaría tanto acercarme mejor a mí mismo, dejar caer todo eso que me separa del centro. Acabo siempre aludiendo al centro sin la menor garantía de saber lo que digo, cedo a la trampa fácil de la geometría con que pretende ordenarse nuestra vida de occidentales: Eje, centro, razón de ser, Omphalos, nombres de la nostalgia indoeuropea. Incluso esta existencia que a veces procuro describir, este París donde me muevo como una hoja seca, no serían visibles si detrás no latiera la ansiedad axial, el reencuentro con el fuste. Cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto. A veces me convenzo de que la estupidez se llama triángulo, de que ocho por ocho por ocho es la locura o un perro. Abrazado a la Maga, esa concreción de nebulosa, pienso que tanto sentido tiene hacer un muñequito con miga de pan como escribir la novela que nunca escribiré o defender con la vida las ideas que redimen a los pueblos. El péndulo cumple su vaivén instantáneo y otra vez me inserto en las categorías tranquilizadoras: muñequito insignificante, novela trascendente, muerte heroica. Los pongo en fila, de menor a mayor: muñequito, novela, heroísmo. Pienso en las jerarquías de valores tan bien exploradas por Ortega, por Scheler: lo estético, lo ético, lo religioso. Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, las cosquillas, la ética.

jueves, 27 de diciembre de 2012

- Émile Cioran - Tormentos -


La soledad es insoportable, a solas conmigo mismo, a solas con mis pensamientos. No sé cómo distraerlos, cómo atontarlos para que no me atormenten. Surge entonces la rabia ante la impotencia, y la agresividad es un pequeño paso que doy en ese estado. Sentirse solo y estar solo no es lo mismo, pero en mi caso, sí, me siento solo aun cuando no estoy solo, pero lo siento mucho más cuando esa soledad es también física. ¿Soy demasiado consciente de la realidad, y los demás viven en un sueño de idiotas del que no quieren despertar (cosa que no les reprocho), o soy yo el estúpido que cree ver demasiado, sin ver nada? Sea cual sea la respuesta, puedo decir que nunca he pedido estar aquí y aun estando aquí, sólo pienso en cómo salir, sin hacer ruido, sin que se note mi ausencia, como si nunca hubiera estado. Y de esa manera, sentir la ilusión de no haber existido nunca.

lunes, 24 de diciembre de 2012

- Paul Auster - Desapariciones -





Está solo. Y desde el momento en que empieza a respirar
no está en ningún sitio. Muerte plural, nacida
en las mandíbulas de lo singular,
y la palabra que construiría un muro
desde la piedra más interna
de la vida.

Pues él no es ninguna de las cosas
de las que habla,
y a pesar de sí mismo,
dice yo, como si empezara también
a vivir en todos los otros
que no son. Pues la ciudad es ingente,
y la boca no sufre
ningún escape
que no devore la palabra
de uno mismo.

Por tanto, están los muchos,
y todas estas muchas vidas
talladas en las piedras
de un muro,
y aquel que fuera a respirar
sabrá que no hay más sitio adonde ir
que aquí.

Por tanto, empieza de nuevo,
como si fuera a respirar
por última vez.

Pues no hay más tiempo. Y es el final del tiempo
lo que empieza.


- Marguerite Duras -


La escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida. 


domingo, 23 de diciembre de 2012

- John Keats - Bright Star -





Estrella brillante, si fuera constante como tú,
no en solitario esplendor colgada de lo alto de la noche
y mirando, con eternos párpados abiertos,
como de naturaleza paciente, un insomne eremita,
las móviles aguas en su religiosa tarea
de pura ablución alrededor de tierra de humanas riberas,
o de contemplación de la recién suavemente caída máscara
de nieve de las montañas y páramos.
No, aún todavía constante, todavía inamovible,
recostada sobre el maduro corazón de mi bello amor,
para sentir para siempre su suave henchirse y caer,
despierto por siempre en una dulce inquietud
silencioso, silencioso para escuchar su tierno respirar,
y así vivir por siempre o si no, desvanecerme en la muerte.


Bright star, would I were stedfast as thou art,
not in lone splendour hung aloft the night
and watching, with eternal lids apart,
like nature's patient, sleepless eremite,
the moving waters at their priestlike task
of pure ablution round earth's human shores,
or gazing on the new soft-fallen mask
of snow upon the mountains and the moors.
No, yet still stedfast, still unchangeable,
pillow'd upon my fair love's ripening breast,
to feel for ever its soft fall and swell,
awake for ever in a sweet unrest,
still, still to hear her tender-taken breath,
and so live ever, or else swoon to death.


sábado, 22 de diciembre de 2012

- Clarice Lispector - Las Aguas del Mar -





Ahí está él, el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y aquí está la mujer, de pie en la playa, el más ininteligible de los seres vivos. Como el ser humano un día hizo una pregunta sobre sí mismo, se volvió el más ininteligible de los seres vivos. Ella y el mar.
Sólo podría haber un encuentro de sus misterios si uno se entregara al otro: la entrega de dos mundos incognoscibles hecha con la confianza con que se entregarían dos comprensiones.
Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Él sólo está delimitado para ella por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la tierra.
Son las seis de la mañana. Sólo un perro suelto vacila en la playa, un perro negro. ¿Por qué es que un perro es tan libre? Porque es el misterio vivo que no se indaga. La mujer vacila porque va a entrar.
Su cuerpo se consuela con su propia exigüidad en relación a la amplitud del mar porque es la exigüidad del cuerpo la que le permite mantenerse caliente y es esa exigüidad la que la vuelve pobre y libre, con su parte de libertad de perro en la arena. Ese cuerpo entrará en el frío ilimitado que sin rabia ruge en el silencio de las seis de la mañana. La mujer no lo sabe, pero está cumpliendo una resolución. Con la playa vacía, a esa hora de la mañana, no tiene el ejemplo de otros humanos que transforme la entrada en el mar en el simple juego liviano de vivir. Está sola. El mar salado no está solo porque es salado y grande, y eso es una realización. A esa hora, ella se conoce todavía menos de lo que conoce al mar. Su coraje es el de, no conociéndose, no obstante proseguir. No conocerse es fatal, y no conocerse exige coraje.
Va entrando. El agua salada es de un frío tal que le eriza en ritual las piernas. Pero una alegría fatal —la alegría es una fatalidad— ya la atrapó, aunque ni se le ocurre sonreír. Por el contrario, está muy seria. El olor a marejada embriagadora la despierta de sus más adormecidos sueños seculares. Y ella ahora está alerta, incluso sin pensar. La mujer es ahora compacta y leve y aguda –y se abre camino en la gelidez que, líquida, se le opone y al mismo tiempo la deja entrar, como en el amor, en el que la oposición puede ser un pedido.
El andar lento aumenta su coraje secreto. Y de repente se deja cubrir por la primera ola. La sal, el yodo, todo líquido, la dejan ciega por unos instantes, escurriéndose toda —espantada, fertilizada.
Ahora el frío se transforma en frígido. Avanzando, ella abre el mar por la mitad. Ya no necesita coraje, ahora ya es antigua en el ritual. Sumerge la cabeza dentro del brillo del mar y emerge una cabellera que se escurre sobre los ojos salados que arden. Juega con la mano en el agua, pausada, los cabellos al sol ya se están endureciendo de sal. Con el cuenco de las manos hace lo que siempre hizo en el mar, y con la altivez de los que nunca darán explicaciones, ni siquiera a sí mismos: con el cuenco de las manos lleno de agua, bebe a grandes tragos, buenos.
Era eso lo que le estaba faltando: el mar por dentro, como el líquido espeso de un hombre. Ahora ella es igual a sí misma. La garganta alimentada se cierra por la sal, los ojos enrojecen por el sol, las olas suaves la golpean y vuelven, porque ella es una escollera compacta.
Se sumerge de nuevo, de nuevo bebe más agua, ahora sin avidez, porque ya no la necesita. Es la amante que sabe que volverá a tenerlo todo. El sol se abre más y la eriza al secarla, ella vuelve a zambullirse: está cada vez menos ávida y menos aguda. Ahora sabe lo que quiere. Quiere estar de pie, quieta en el mar. Y así se queda. Como contra los flancos de un barco, el agua golpea, vuelve, golpea. La mujer no recibe transmisiones. No necesita comunicarse.
Después, camina dentro del agua, de regreso a la playa. No está caminando sobre las aguas —ah, nunca haría eso después de que hace milenios ya anduvieron sobre las aguas— pero nadie le quita: caminar dentro de las aguas. A veces el mar le opone resistencia, empujándola con fuerza hacia atrás, pero entonces la proa de la mujer avanza un poco más dura y áspera.
Y ahora pisa la arena. Sabe que está brillante de agua, y de sal y de sol. Aunque lo olvide de aquí a unos minutos, nunca podrá perder todo eso. Y sabe de algún modo oscuro que sus cabellos escurridos son los de un náufrago. Porque sabe, sabe que corrió un peligro. Un peligro tan antiguo como el ser humano.

viernes, 21 de diciembre de 2012

- Julio Cortázar - Happy New Year -



Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

jueves, 8 de noviembre de 2012

- Juan Gelman -


Escribe y se expulsa a sí mismo de sí mismo. Entonces son posibles sueños que no soñó y todo lo que habita su vacío: monstruos, ángeles, criaturas que no lo reconocen y él no podrá tocar con las manos cortadas.




miércoles, 24 de octubre de 2012

- Rainer Maria Rilke - Canción de Amor -







¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?

¡Oh, dulce canto!


martes, 9 de octubre de 2012

- Marguerite Duras -



Lo que ahí ocurre es precisamente el silencio, ese lento trabajo de toda mi vida. Nunca he escrito, creyendo hacerlo, nunca he amado, creyendo amar, nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada. 

- Alejandra Pizarnik -




El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.


- Julio Cortázar - Prosa del Observatorio -




Esa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, agujero en la red del tiempo, esa manera de estar entre, no por encima o detrás sino entre, esa hora orificio a la que se accede al socaire de las otras horas, de la incontable vida con sus horas de frente y de lado, su tiempo para cada cosa, sus cosas en el preciso tiempo, estar en una pieza de hotel o de un andén, estar mirando una vitrina, un perro, acaso teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus senos, y sin aviso, sin innecesarias advertencias de pasaje, en un café del barrio latino o en la última secuencia de una película de Pabst, un arrimo a lo que ya no se ordena como dios manda, acceso entre dos ocupaciones instaladas en el nicho de sus horas, en la colmena día, así o de otra manera (en la ducha, en plena calle, en una sonata, en un telegrama) tocar con algo que no se apoya en los sentidos, esa brecha en la sucesión, y tan así, tan resbalando, las anguilas, por ejemplo, la región de los sargazos, las anguilas y también las máquinas de mármol, la noche de Jai Singh bebiendo un flujo de estrellas, los observatorios bajo la luna de Jaipur y de Delhi, la negra cinta de las migraciones, las anguilas en plena calle o en la platea de un teatro, dándose para el que las sigue desde las máquinas de mármol, ese que ya no mira el reloj en la noche de París; tan simplemente anillo de Moebius y de anguila y de máquinas de mármol, esto que fluye ya en una palabra desatinada, desarrimada, que busca por sí misma, que también se pone en marcha desde sargazos de tiempo y semánticas aleatorias, la migración de un verbo: discurso, decurso, las anguilas atlánticas y las palabras anguilas, los relámpagos de mármol de las máquinas de Jai Singh, el que mira los astros y las anguilas, el anillo de Moebius circulando en sí mismo, en el océano, en Jaipur, cumpliéndose otra vez sin otras veces, siendo como lo es el mármol, como lo es la anguila: comprenderás que nada de eso puede decirse desde aceras o sillas o tablados de la ciudad; comprenderás que sólo así, cediéndose anguila o mármol, dejándose anillo, entonces ya no se está entre los sargazos, hay decurso, eso pasa: intentarlo, como ellas en la noche atlántica, como el que busca las mensuras estelares, no para saber, no para nada; algo como un golpe de ala, un descorrerse, un quejido de amor y entonces ya, entonces tal vez, entonces por eso sí.



- Idea Vilariño -




ENTREVISTA A IDEA VILARIÑO
Por Elena Poniatowska.


Visité a Idea Vilariño en su casa en Montevideo en 2001 cuando pude conocer Uruguay (apenas dos días) gracias al Premio Alfaguara. Montevideo estaba vacío y frente a las puertas cerradas de casas y edificios, hombres y mujeres veían fijamente el horizonte desde el malecón como si con la fuerza de su mirada imantaran a una nave que llegara a embarcarlos para llevárselos. Montevideo me pareció bello y triste. Anacrónico también. Helena y Eduardo Galeano, ausentes (en España o en Estados Unidos, no sé) mi imaginación los suspendió en el tiempo, como a Uruguay, el más europeo de los países de América Latina, suspendido entre Europa y América Latina, suspendido como una pompa de jabón entre el pasado y el futuro, suspendido como un paraíso perdido.

En Montevideo hice dos visitas importantes, una al admirable general Liber Seregni que pasó tantos años en la cárcel, otra a Idea Vilariño a quien Juan Carlos Onetti le dedicó "Los adioses" y cuya obra conocí porque la actriz Susana Alexander recitaba en escuelas y teatros un poema ("Ya no") que nos hacía llorar:

Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.


Idéntica a su poesía, bella y triste, encontré a Idea Vilariño sola en su departamento de Anzani 2129 donde vive con su hermana llamada Poema. Idea y Poema son sus nombres de pila porque así las llamó su padre, el anarquista Leandro Vilariño, poeta injustamente olvidado que tenía una calera en la calle de Justicia en Montevideo. Los cinco hijos se llamaron Alma, Azul, Idea, Poema y Numen, el más pequeño y un muy destacado pianista. Además de escuchar música y de adentrarse en la literatura clásica, el padre les leía su propia poesía, la de Almafuerte, Herrera y Reissig, y Darío. Don Leandro tenía un oído infalible y podía reconocer la métrica de un poema aunque la ocultara su composición gráfica. Idea estudió piano pero lo que más le gustó fue el violín al que le dedicó diecisiete años.

Idea se sentó frente a mí, frágil, retraída, delgada, muy bien peinada y supongo que escogió su sillón favorito e iniciamos en la penumbra una entrevista desencantada, quizá la misma que ha dado a lo largo de su vida, la única, la de la única respuesta porque Idea no concede entrevistas ni es protagonista de nada, ni siquiera de sí misma. Su gran amiga Inés Larre Borge (que preparaba un libro hermoso sobre ella) me había contado cómo Idea sobrellevaba los problemas de la vida cotidiana (en Uruguay el salario mínimo es de cuarenta dólares al mes) y los de su creación literaria, es decir, su alta poesía que inició de niña como un servicio a sus compañeras de clase porque al igual que nuestra Rosario Castellanos, Idea hacía poemas de amor que las quinceañeras entregaban a sus enamorados como si fueran propios. Esta Cyrana de Bergerac tempranera nunca se dio cuenta de su talento y tampoco creyó en él. Creyó en cambio en el sinsentido de la vida, en la muerte que crece junto a nosotros, en su mundo sin Dios, en el fracaso del amor y la belleza, la desolada inutilidad de todo esfuerzo. "En la arena caliente, temblante de blancura/cada uno es un fruto madurando su muerte".


LA SUPLICANTE

Un año antes comimos con el buen amigo argentino Luis Gregorich y su mujer en Buenos Aires y entonces, Idea, de anteojos negros, me pidió que la tuteara y lo hice con temor y respeto. También me explicó que no creía en las anécdotas, no se sabía una sola. "Por eso no concedo entrevistas." Ya Luis Gregorich me había advertido que Idea rechazó premios, se negó hasta a recibir la beca Guggenheim codiciada por todos, no hace apariciones públicas, no da conferencias y se mantiene al margen de la vida literaria. Sólo aceptó un reportaje que le hizo Mario Benedetti hace años. En cambio había escrito un poema a Guatemala a raíz del golpe de Estado contra Arbenz y en su libro Pobre mundo de 1988 hablaba de la violencia, la desaparición, la tortura y la muerte en América Latina.

– ¿Idea, cómo has vivido la poesía a lo largo de tu vida?

– En el único reportaje que consentí en publicar hasta ahora, le recuerdo a Mario Benedetti que hacía versos antes de saber escribirlos, antes de mis seis años. En esa casa se oía música, mucha ópera; mi padre, un fino poeta, nos decía a menudo –aunque supongo que esto fue algo después– poemas suyos o de otros. Pero lo que yo hice hasta la adolescencia no se parecía a nada de lo que escuché. No se me ocurría remedar, no asimilaba nada de aquello, no aprendía ni siquiera de los que más me gustaban –Juan Ramón, Darío, José Asunción Silva. Las pocas cosas que recuerdo de aquella niña analfabeta eran estrofas breves e ingenuas, que no decían nada mío; malas, pero perfectamente medidas y rimadas, aunque yo no supiera qué era eso. No las decía. Tampoco mostraba las de mis diez, doce años, aunque en casa ya sabían que "escribía". Creo que las cosas cambiaron a mis quince o dieciséis años.

– ¿Por qué?

– A los once años me quedé mirando en un espejo mis ojos serios, adultos. Fue una conmoción profunda saber que estaba ahí –persona, no niña. Como estoy hoy. Los ojos siguen estando. Simplemente, hubo zonas que al ser tocadas se pusieron a vivir. Pero siempre supe todo.

Se fueron sumando vida, madurez; el mundo fue cambiando.

– ¿Tu padre?

– Mi padre era un poeta y un gran conocedor de formas y de ritmos. Y tal vez el mejor lector de poemas que conocí: hacía oír también el sonido, los acentos. Ambas condiciones fueron una buena escuela desde temprano. Por otra parte diría que tengo algo de eso que llaman "espíritu científico" porque pensaba dedicarme a la investigación científica. Quise saber qué pasaba con los versos. Perdí mucho tiempo leyendo acerca de sáficos y anapésticos, de rimas femeninas y masculinas. Luego di con Servien y su método y, aunque él mismo no lo había desarrollado, fue lo que yo estaba buscando. Permite un estudio de los ritmos casi infinito y para mí apasionante. Es lo que sé hacer mejor. Alguna vez le dije a Ruffinelli que, si hoy no hubiera otras cosas más urgentes en qué trabajar, habría que pagarme para que me encerrara a trabajar en eso. Tal vez no importa demasiado; hoy importan más, y con sobradas razones, otras zonas del quehacer artístico. Sea como sea, a mí la poesía me interesa sobremanera.

Habría que decir que Idea Vilariño es considerada según Natalia Gianini como la voz de toda una generación de resistencia a la dictadura. Escribió la canción de protesta más querida, "Los Orientales", y a menudo sale reseñada en programas televisivos y en periódicos con Mario Benedetti, sobre todo por su poesía de carácter político. Sin embargo, ella misma ha dicho que la poesía no tiene nada que ver con la política. En el documental "Idea" de 1997, dirigido por Mario Jacobs, Idea Vilariño comenta que detesta gran parte de lo que se llama poesía y declara que "Dios es un problema que no existe". Para ella la verdad última se encuentra en uno de sus poemas titulado "Es negro": "Es negro para siempre/ las estrellas, los soles y las lunas/ y pingajos de luz diversos/con pequeños errores/ suciedad pasajera/ en la negrura espléndida/ sin tiempo/ silenciosa". Su actitud recalcitrante le ha dado su fuerza pero también su debilidad.

– ¿Y la poesía, Idea? –pregunto por no dejar y porque en 1994 Cal y Canto publicó su Poesía completa con sus poemas de los veinte años que tienen la misma visión sombría de sus Nocturnos y de No y contienen ya la esencia de su poesía adulta. "El amor no es más que un pozo de agua oscura,/ los astros sólo son barro que brilla,/ el amor, sueño, glándulas, locura,/ la noche no es azul, es amarilla".


ATADA AL MÁSTIL

– La poesía, Elena, fue una conmigo siempre. La viví naturalmente, como algo inevitable, privado, que no me daba ningún realce y la hacía sin deliberación, sin proponérmelo, como lo hice después, como lo he hecho siempre. Creo que nunca supe cómo iba a terminar un poema –hasta ahora es así. Necesito decir algo; eso es compulsivo. Pero no sé cómo lo diré, aunque al escribir tenga un dominio absoluto de lo que hago, pero desde la primera línea el poema, su ritmo, eso que es imperativo decir me lleva hasta el final, hasta el cierre inevitable.

Sé que parece contradictorio. Bueno, es así.


MI POESÍA SOY YO

–¿Entonces qué es para ti la poesía?

– No sé cómo decirte qué es la poesía para mí. Es una forma de ser, de mi ser. Todo lo demás de mi vida son accidentes. Pude ser profesora o no. Sola o no. Música o no. Traductora de Shakespeare o no. Estudiosa de la prosodia o no. Todas las cosas que amé y que realicé en la medida que pude. La poesía no fue accidental. Mi poesía soy yo. Por eso no me interesaba publicar; es más, deseé no haber publicado nunca (hay poemas que jamás mostré). Escribir era otro asunto. Era, como te decía, compulsivo. Salvo las cosas políticas, y alguna carta, nunca escribí pensando que alguien lo leyera. Lo que decía era privadísimo y no buscaba llegar a otro, comunicar. Publicar fue tan contradictorio, tan poco coherente como seguir viviendo cuando sabía, y cómo, cuando pensaba lo que pensaba del hecho de vivir. Esas incoherencias fueron difíciles de sobrellevar. A esta altura ya nada importa.

Empecé a hacer versos antes de saber escribir. Tonterías, pero muy cantables. Me parecían admirables los poemas de mi padre. De sobremesa le pedíamos que dijese nuestros favoritos. Julio Herrera: "Junio, el rey más blanco, blanco néctar bebe/ bebe blanca nieve; nieve blanca harina". ¡Almafuerte! Darío: "El olímpico cisne de nieve", "Margarita, está linda la mar". A los diez años ya me sabía de memoria el larguísimo "Los motivos del lobo", de Darío, pero por mi timidez jamás me habría atrevido a decirlo en público. Pero no creo que hubiera muchos rastros de todo eso en mis malos poemas de entonces ni en los de mi primera adolescencia. Escribir era un acto privado y ni se me ocurría decir lo de otros o mejorar las cosas acordándome de lo que hacían. Si no tal vez lo hubiera hecho mejor.

Tampoco vi en otras admiraciones que vinieron después ejemplos sino coincidencias en las vivencias. Verlaine: "Qu´as tu fait, ó toi que voilá,/pleurant sans cesse,/dis, qu´as tu fait, toi que voilá/de ta jeunesse?". Zonas de Hugo, de Mallarmé, de Leconte de L´Isle: "Moi, je t´envie au fond du tombeau calme et noir/ d´etre affranchi de vivre et de ne plus avoir/ la honte de penser ni l´horreur d´etre un homme". Y Alexandre y Neruda y Jorge Guillén y los descubrimientos de Quevedo y Yeats y de Vallejo, que leí muy tarde. Y no habría que hablar sólo de los poetas. Supongo que es la historia de todos; supongo que todos nos modifican en alguna medida pero en zonas poco detectables. Tal vez rompen los ojos, pero no veo en mis cosas influencias claras de lo que más me importó. Escribir siguió lo más privado, auténtico, desgarrado mío, desligado, por otra parte, como acto creador, de toda voluntad o actitud "literaria". Lo que sabía y lo que hubiera incorporado ya eran yo. ¿Yo?

Hubo cuatro libros que seguramente me hicieron algo, y son cuatro antologías que llegaron, me parece ahora, en un momento clave: las de poesía española de Domenchina, y las de poesía uruguaya de Zun Felde y de Brughetti. De esta última recuerdo ahora los impactos de Vicente Basso Maglio y del primer Juan Cunha.


URUGUAY Y AMÉRICA LATINA ME IMPORTAN ENTRAÑABLEMENTE

– ¿Qué América Latina? ¿Qué Uruguay?

– Qué América Latina, qué Uruguay. Están entre las cosas que me importan entrañablemente, como aquellas de publicar sin querer publicar, de vivir sin querer vivir. Están por un lado el amor, la congoja, la esperanza –a veces, cuánta– el imperativo moral que me llevan a ayudar, a actuar y, por otro, el escepticismo, el descreimiento. Uno de mis poemas comienza así: "Por qué no volará en cien mil pedazos/ esta escoria volante este puñado/de tierra y de dolor/aire y basura". Otro termina así: "este amor desgarrado por el mundo/ esta diaria constante despedida".  Y ambos son verdad. ¿Cómo puedo explicarte estas contradicciones?

Antonio Muñoz Molina escribió que Poemas de amor es un libro con argumento, con principio y fin, con episodios. "No creo que una novela con toda su retórica, pueda ofrecer una imagen más completa de una pasión".

– ¿Cómo definirías tu propia poesía dentro del contexto de América Latina?

– Definirla no sé. Es una pregunta extraordinariamente difícil. Soy una cruel lectora. A veces pienso que detesto la poesía, por lo menos cuando no se trata de los grandes fulgores de belleza, del canto serio. Tengo un implacable rigor conmigo misma cuando escribo, tal vez por eso no tengo que corregir después. Y lo tengo para los otros.

Puedo equivocarme como el que más, aunque no lo creo; piso con tanta seguridad en ese terreno.

– Dedicas tus libros a J.C.O.

– Aunque este libro está dedicado a J.C.O., no todos los poemas son suyos. Lo son, sin duda, los más dolorosos o desolados. No porque aquel amor fuera así, sino porque fueron escritos en momentos así.

– ¿Escribes en versos libres?

– Nunca los ha habido menos libres. Un ritmo riguroso los ordena y sólo para los ojos parecen libres. ¿Qué significado tiene el ritmo?

Es fundamental en todo hecho poético. En un poema puede fallar todo lo demás; hasta puede, en determinados juegos, faltar el sentido; nunca el ritmo. Es esencial; por él algo es o no lírico.

Es difícil entrevistar a Idea, tal parece que no cree en las preguntas, no cree en las respuestas, no cree en nada. Hago las preguntas de cajón a las que responde sin entusiasmo, sólo por cortesía y porque finalmente todos nos vamos a morir y eso tampoco importa. Repaso mentalmente su poema: "Lejano infancia paraíso cielo./Oh seguro, seguro paraíso/ no quiero ya no quiero/ la sucia sucia sucia luz del día".

  ¿Las influencias? Sí, hay que pensar en los admirables poemas de amor de Salinas, tan intelectuales; en los juegos inteligentes y llenos de humor de Queneau. ¿Jiménez? Tal vez tenga yo influencia de Jiménez en los primeros poemas que publiqué, finalmente no creo que tenga muchas influencias. Como le dije al principio mi poesía soy yo.

– ¿La crítica?

– Así como me importa mucho el juicio moral sobre mi conducta –política, gremial, etcétera– nunca me importó lo que se dijera sobre lo que escribo. Ni nunca me sirvió de nada. Recuerdo haber atendido una observación de Juan Carlos Onetti, otra de Manuel Claps, una de mi hermana Poema. Eso es todo.

La mayor parte de lo que se ha escrito sobre mi obra es en extremo comprensivo y generoso, salvo los malentendidos de siempre. Sin embargo, nunca lo miro sino muy rápidamente, y el sentimiento predominante es de violencia, de rechazo, porque está invadiendo mis fueros más privados. Naturalmente que la culpa es mía por publicar mis poemas. La propia índole de lo que escribo lleva al crítico a ocuparse de la persona más que de lo hecho.

No sé si me reconocería por la calle o en cualquier circunstancia.

Uno de mis problemas es hoy un problema de identidad. Tal vez porque no se puede ser tantas cosas y en tantos planos como estamos obligados a ser, y a seguir sabiendo quiénes somos. Recuerdo que una noche en Cuba me puse a leer mis propios poemas para saber quién era.

"Yo./No sé quién soy./Mi nombre/ya no me dice nada./No sé qué estoy haciendo./Nada tiene ya más que ver con nada/Digo yo/por decirlo de algún modo."


EL ACTO MÁS PRIVADO DE MI VIDA

– Escribir poesía es el acto más privado de mi vida realizado siempre en el colmo de la soledad y del ensimismamiento, realizado para nadie, para nada. A menudo, a la mañana siguiente lo olvidé y pueden pasar meses antes que encuentre esas líneas, el poema escrito de una vez, aunque a veces seguidas. Y, por supuesto, salvo raras excepciones, no lo muestro; en algún caso, por años.

– Entonces ¿para qué publicas?

– ¿Por qué he publicado? La poesía puede ser como el acto creador algo muy íntimo, pero una vez realizada podría darse la necesidad de comunicación. Bueno, tal vez algo falla porque tampoco la siento. No tengo en ese campo los reflejos propios de un escritor y que funcionan cuando escribo ensayos, por ejemplo. Pero viviendo entre escritores, siendo yo misma un crítico, vi en algún momento que este o aquel conjunto de poemas –siempre poemas de cierto tiempo, como para poder considerarlos objetivamente, como si fueran de otro, casi– vi que tenían coherencia, que eran un libro. Y entré en el juego. No estoy segura de que esta sea la explicación correcta u honesta. Hay una evidente dicotomía. Sé que desearía no haber publicado nunca. No me importa ya cuando se trata de reediciones. Pero dado el carácter de dolorosa intimidad de la mayor parte de mis poemas, sentí, después, cada libro como un acto de impudicia, de exhibicionismo. Hay poemas que nunca publiqué ni mostré a nadie. Eso debería haber hecho con todos. O casi. A esta altura ya todo eso importa poco.

– Pero tu poema "Los Orientales" es un acto político que se canta en las plazas públicas de Uruguay y eres considerada una opositora, una contestataria, una combatiente. A ti te buscan los jóvenes, te admiran.

– Otra cosa pasa con los poemas de respuesta, con los de carácter político, con las canciones que buscan naturalmente un público. No creo que se trate de sacrificar sino de escribir en otra tesitura, dando voz a otros, diciendo lo que debe decirse, lo que la gente quiere o necesita oír.

Cuando la lucha contra el Tratado Militar con Estados Unidos publiqué algunos poemas políticos –uno, que nunca más vi, "En archa"; otro, "A Guatemala" que no gustaron a nadie. Pero el Uruguay era otro. Con un poco de distracción todavía eran posibles el individualismo, el retraimiento, el trabajo intelectual reposado. Hubo la tarea absorbente de hacer la revista Número, hubo una buena dosis de enfermedad, dificultades, amor.

– ¿Qué significó "Número" para ti?

– ¿A quién puede importarle "Número" hoy? Éramos "escritores", gente distinta que irrumpía en una especie de vacío literario, y construimos nuestro vehículo. En un país que vegetaba, o se pudría opacamente, y en un medio literario que seguía el mismo camino teníamos una tarea cultural convencional y alineada, pero necesaria y creadora, entre las manos. Ayudamos a hacer, supongo, esa actitud crítica y rigurosa que saneó el ambiente, a crear público, a ponerlo un poco al día. En la segunda época no quise colaborar, entre otras cosas, porque entonces ya no tenía sentido, me parecía, una tarea puramente literaria, apolítica.

Para mí, en aquel entonces, significó bastante: el trabajo en equipo, la obligación de escribir, pero ahora me parece cosa de otro mundo.

Por el '60 andaba comenzando mi casa en "Las Toscas" para retirarme, salirme de todo. Y entonces empezó la lucha por Cuba, y después la nuestra. Entonces la revolución, como toda experiencia auténtica, fue dando sus poemas.

– De allí que hayas trabajado en letras de canciones políticas.

– El factor determinante fue, sin duda, la pléyade de excelentes cantores populares militantes y valientes que tenemos. Si no, me hubiera quedado en los poemas políticos. Pero había allí un vehículo inmejorable –llegan a donde nuestros libros no llegaron nunca, a todos– y, además, ellos necesitaban letras. Y la gente necesita oírlos.

Por eso me ha dado mucha más alegría oír cantar por ahí, más o menos anónimamente, "Los Orientales", que la edición de mis poesías completas que ni a mí ni a nadie importó nada.

– ¿El amor y la muerte son tus obsesiones?

– No son obsesiones sino certezas. Y creo que la actitud más lúcida, más sana, es tener presente que la vida y que el amor se acaban. Ver a los otros y a uno mismo caminando a la muerte, vivir el amor a término, tal vez hagan el amor y la vida más terribles, pero también digo que los hacen más intensos y más hondos.

Viajé a Cuba en el '67, como jurado; en el '68, como delegada al Congreso Cultural de La Habana. Eso fue invalorable porque las dos veces recorrí la isla y vi el avance increíble –desde aquí no soñable– que puede hacer un país en un año, en ocho meses. Bueno, sacudió todos mis posibles escepticismos; se me hizo evidente la posibilidad de hacer una revolución con alegría, con articulaciones flexibles; la posibilidad de la recuperación de todo, de la tierra y sus bienes, de los seres humanos. Todo lo que uno sabía, creía, esperaba, recibía allá una hermosa confirmación, una cálida corriente de vida.

– Debe ser difícil relacionar el optimismo revolucionario con tu constante pesimismo.

– ¿Qué haría yo con mi poesía, con mi visión nihilista y escéptica más que pesimista y –angustiada– en medio de una revolución? Tal vez mi actitud más profunda sea un "producto" del sistema, como explicó Enrique Amorín a Ariel Badano que criticaba los que llamó mis "Nocturnos para suicidas". Tal vez, pero sea como sea, ya no tiene remedio.

Sin embargo uno es más que su yo profundo, que su posición metafísica; hay otras cosas que cuentan: el dolor por la tremenda miseria del hombre, el imperativo moral de hacer lo posible por que se derrumbe la estructura clasista para dar paso a una sociedad justa. Aun cuando uno sea coherente con su actitud esencial –hay una sola coherencia posible– no puede evitar ver el dolor, no puede rehuir el deber moral. Y entonces se pone a compartir la lucha, a ayudar la esperanza.

– Como lo dices en tu poema: "en cada esquina esperan los orientales"

– Es el derrumbe del mito "arcádico", como diría Salazar Bondy, porque es tan estruendoso que por sí solo despierta a muchos, porque ya nadie puede ser, de buena fe, conservador. ¿De qué? ¿Quién se suicida, quién se retira del mundo, quién lleva un diario íntimo, quién, ahora?


FIN

La poetisa Idea Vilariño nació en Montevideo, Uruguay en 1920.

Influenciada por la poesía, el ritmo y la prosodia de su padre, el olvidado poeta Leandro Vilariño. Desde niña, Idea da muestras de una enorme sensibilidad a las palabras aunque es incierto el momento en que empezó a escribir poesía ya que fue una experiencia muy anterior a la escritura; sin embargo la poesía la vivió de una forma natural que hacía sin ninguna pretensión.

No es consciente del tiempo a pesar de que son cuarenta años de escribir. Es contemporánea a la generación de los poetas uruguayos del '45, entre los que se encuentran Mario Benedetti, Manuel Claps, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama e Ida Vitale.

Para Idea, la poesía se convirtió en el "acto más privado de su vida realizado en el colmo de la soledad y del ensimismamiento, realizado para nadie, para nada". Su calidad literaria atiende a una cuestión existencial donde ninguna palabra sobra y ninguna alerta falta. Así como la poeta Rosario Castellanos dijo: "Hoy me miré al espejo, y no vi a nadie", Idea también toma distancia del espejo que nos mira y de la incógnita de lo que somos.

En 1945 aparece La suplicante, su primer cuaderno de poesía. Su obra poética la integran: "El paraíso perdido" (1949); "Nocturno" (1955); "Poemas de amor" (1957); "Pobre Mundo" (1966); "No" (1980). En 1967 integra el jurado del Premio Literario Casa de las Américas. Ha desarrollado además una extensa obra crítica y ensayística donde resaltan los títulos: "Julio Herrera Reissig" (1950) y "Grupos simétricos en poesía" (1958).

Idea Vilariño se consolida con "Nocturno" (1955) en una voz poética que es ajena a lo que se entiende por "lenguaje poético". La soledad es radical y la muerte una presencia en cada verso. A pesar del gran valor de su obra, de todos los poetas de su época, es la menos publicitada.

Idea ha mantenido un hermetismo total respecto a su obra negándose a publicar sus libros pero al mismo tiempo los publica ante la necesidad de comunicar cuando el acto de creación cumple su cometido: reposa un tiempo y después sale a la luz, aunque en ella existe un sentimiento contradictorio que le dice que nunca debió publicar: "Pero eso a estas alturas ya no importa."

La poesía era para Idea una forma de ser, para ella; todo lo demás en su vida fueron accidentes: "Pude ser profesora o no. Sola o no. Música o no. Traductora de Shakespeare o no. Estudiosa de la prosodia o no. Todas esas cosas que amé y que realicé en la medida que pude. La poesía no fue accidental. Mi poesía soy yo".

 Cada poema de Idea es una circunstancia que ubica a la poesía y a ella misma en un espacio y un tiempo. Su obra se alimenta de su pensamiento político que plasma en sus poemas, como Playa Girón, la muerte del Che, la tortura en la América Latina, Nicaragua. Son circunstancias que a ella la involucran como escritora.

El ritmo es fundamental en todo hecho poético y en Idea la identidad es una constante ya que no se pueden ser tantas cosas en tantos planos. Se leía a sí misma para saber quién era. Las obsesiones no existen en la poesía de Idea Vilariño, sólo las certezas, como el que la vida y el amor se acaban. No está presente en el texto, el lenguaje la define, es nombre y sustancia a la vez, es el signo y la nada, es palabra y el ser. A su poesía le quita la voz y la vuelve sensación en un lenguaje arbitrario. Idea no se materializa y reniega de sí misma en "un yo que no soy".

Rechazó premios, reconocimientos, entrevistas, becas, entre ellas la más codiciada Guggenheim. Es un árbol solitario del que sus frutos se saborean sin comerlos.


Querida Elena:

Nunca supe si te llegó mi carta con las respuestas a unas preguntas que me dejaste. Pero me preocupó más que nada haberte abrumado con los problemas de mi vida, que a veces no sé cómo sobrellevar, pero que no tenía derecho a infligirte después de tu querido gesto de hacer tiempo para visitarme entre tus agotadoras jornadas de aquellos días. Te lo agradecía mucho, y te quise mucho, sabes.

Ahora me llamó Ana Inés Larre Borges para saber si habías escrito aquella nota. Entiendo que te la pidió Cal y Canto que preparaba un libro hermoso sobre mí, con fotos, documentos, cartas, opiniones, etcétera.

Irán cosas de Gelman, M. Molina, Galeano, Albistur, J. Ramón Jiménez, Onetti. Tal vez no sepas que el director del Cal y Canto, mi queridísimo Alberto Oreggioni, murió en estos días. Pero Ana Inés está empeñada en que la editorial siga con cuanto él había comenzado; entre otras cosas, ese libro. De modo que si la hubieras hecho ¿podrías enviármela?

¿Qué otra cosa me habrías preguntado? Respondo cosas en que tropezaron otros. Por ejemplo. Que son para mí más importantes, esenciales los Nocturnos, el No, que los Poemas de amor que llaman mis poemas eróticos. Hay entre ellos, algunos poemas eróticos, pero, cuando hablo de amor la potencia total del ser está en juego.